“Es muy poco probable que una habilidad que no tenía un significado intrínseco cuando la aprendimos por primera vez se vuelva profundamente significativa más adelante”.
Bruno Bettelheim
Según lo propuesto por Bruno Bettelheim en su libro Aprender a leer que elabora en compañía de Karen Zelan, los primeros momentos en que un individuo comienza a leer, el modo en que es instruido, su contexto familiar y social, el trabajo que realiza el docente y los materiales que emplea para ello son decisivos y marcan fundamentalmente su vida académica e incluso su desarrollo personal. Las instituciones educativas tienen un plan completamente ilusorio y alejado de la realidad que lo que hace es entorpecer la instrucción de dicha capacidad. Para estas entidades es necesario comenzar por escritos simples que carecen de sentido y que ni siquiera pueden captar la atención del lector, y según sus proyecciones alegres, con el pasar del tiempo, los aprendices sentirán, sin ninguna razón aparente, y de un momento para otro, un interés sobrehumano por leer, momento en que podrán recibir realmente un verdadero texto literario que no ponga en duda su capacidad de pensar, sino que exija de él una posición crítica y totalmente receptiva, para la cual nunca fue preparado.
Las diversas problemáticas que subyacen en el engranaje del sistema educativo y social no han permitido cultivar este arte y amor por la lectura que sobrepasa el interés de poder de leer, pronunciar y comprender aparentemente el contenido del menú de un restaurante. La familia incide constantemente en el desarrollo académico e intelectual de los miembros más jóvenes que la integran, por lo tanto, son los padres los primeros en cimentar las conductas, intereses y gustos de sus hijos. Lamentablemente, por razones económicas las dos partes principales del hogar representadas en el padre y la madre, no han podido asumir a total cabalidad la labor de guías y son escasos los momentos en que pueden acompañar, compartir, supervisar e impulsar el crecimiento de los pequeños. Luego, es difícil, por no decir imposible, encontrar situaciones en donde el niño sea constantemente acompañado por lecturas, libros y son pocos los momentos de esparcimiento y descanso en los que ven a sus padres disfrutando de los placeres de la lectura. También, es innegable que algunas dificultades que se hacen manifiestas en los estudiantes se deben a factores genéticos y son característicos del lugar del que provienen y de la educación que en su hogar han recibido.
De acuerdo a lo anterior, existen factores personales y sociales que determinan y coaccionan el desenvolvimiento de los niños. Estos elementos que dan forma a la personalidad del niño se confrontarán cuando éste llegue a la escuela. En el momento mismo en que el chico ingresa al sistema educativo se convierte en aprendiz, y es allí donde nuevamente aparecen algunos agentes que entorpecen su proceso de formación intelectual. Él va con el propósito de ser instruido en todo aquello que hasta el momento desconoce, y uno de los primeros temas que descubre son las letras, las palabras y posteriormente los textos, que sólo a través del adiestramiento logrará dominar. La lectura, aparece entonces como la capacidad básica a desarrollar. Allí, aparecen los educadores los encargados de suministrar las herramientas necesarias que permitirán realizar con total plenitud lo previamente propuesto.
Todo ese proceso que tiene lugar en el aula de clase y que lo que busca es desarrollar las capacidades de los educandos dirigidas hacia un mismo fin: poder descifrar, pronunciar y leer fluidamente cualquier enunciando, dejando de lado la importancia de la significación y sentido propias del lenguaje. Esas actividades propuestas por el docente, que consistían, o consisten, puesto que aún son aplicadas en el salón de clase, en repetir algunas palabras aisladas de todo contexto que genere significación y que permita mejorar poco a poco la pronunciación; metodología en la que prevalecen aspectos formales de la lengua, más no la configuración y significado que está aporta a la construcción del individuo.
Aunque existen parámetros que encierran los objetivos generales que debe contener cualquier área o disciplina, mejor conocidos como los lineamientos, estos permanecen en medio de la penumbra y al ser una propuesta que integra los intereses de la nación en general y estandariza o unifica lo que se debe enseñar. Lamentablemente, al desconocer este tipo de herramientas, docentes e instituciones educativas no renuevan los métodos que día a día emplean sin el menor detenimiento sobre lo que se hace. Estos agentes de poder, por que lo son y de alguna forma lo poseen, no han comprendido que los objetivos y los procedimientos ha seguir para alcanzarlos cambian constantemente, evolucionan y se transforman como lo hace el hombre. Por ejemplo, desde el año de 1994 se estableció que la lengua materna y la literatura conformarían una sola área de conocimiento que se denomina, desde ese entonces, lengua castellana. Pero, qué ha ocurrido con esa integración entre esos dos elementos, al parecer cada uno tomó caminos distintos, a tal punto, que se desconoce a la literatura como un medio para conocer y descubrir la lengua, su funcionamiento, la estructura del discurso, su condición social, y aún más irónico resulta pretender enseñar literatura cuando ella en escasas oportunidades tiene cabida en el aula de clase.
Aunque es innegable que muchos de los inconvenientes que justifican la razón por la que hoy en día existen tantos lectores mecánicos y no funcionales, por la que cada vez sea más pequeña la cantidad de lectores asiduos que realmente disfrutan de la lectura y se construyen constantemente con ella; por la que los niños se niegan a leer y han perdido total interés y motivación en tomar un libro y sentarse a degustar línea a línea el asombroso mundo que existe al interior de un escrito; entre muchas otras razones que sólo ratifican y muestran el mal funcionamiento del sistema escolar primario, en este caso de un país como Colombia, que lucha día tras día por resolver los problemas de comprensión, interpretación y argumentación lectora que muestran constantemente los resultados de las pruebas de estado en los jóvenes colombianos, pero no reflexiona en el nacimiento de este mal; la raíz que no ha dado fruto, al ser desprovista de los menores cuidados que padres, docentes y nación reiterativamente le han dado.
Para concluir, es necesario ver reflexivamente y tomar medidas sobre lo que se está haciendo. Los docentes y los padres han caído en el desinterés y abandono; no hay una entrega real que resulte significativa y ha sido la misma sociedad quien se ha encargado de reflejar las falencias de una baja formación, que no ha podido estimular la sensibilidad y la pasión por la literatura de sus ciudadanos. Por lo tanto, es necesario, que el sujeto desde temprana edad entienda el verdadero interés que encierra la literatura y se desprenda de la idea que la lectura consiste única y exclusivamente en descifrar y pronunciar un enunciado.

