martes, 5 de abril de 2011

Lineamientos curriculares y Bruno Bettelheim


“Es muy poco probable que una habilidad que no tenía un significado intrínseco cuando la aprendimos por primera vez se vuelva profundamente significativa más adelante”.
Bruno Bettelheim

Según lo propuesto por Bruno Bettelheim en su libro Aprender a leer que elabora en compañía de Karen Zelan, los primeros momentos en que un individuo comienza a leer, el modo en que es instruido, su contexto familiar y social, el trabajo que realiza el docente y los materiales que emplea para ello son decisivos y marcan fundamentalmente su vida académica e incluso su desarrollo personal. Las instituciones educativas tienen un plan completamente ilusorio y alejado de la realidad que lo que hace es entorpecer la instrucción de dicha capacidad. Para estas entidades es necesario comenzar por escritos simples que carecen de sentido y que ni siquiera pueden captar la atención del lector, y según sus proyecciones alegres, con el pasar del tiempo, los aprendices sentirán, sin ninguna razón aparente, y  de un momento para otro, un interés sobrehumano por leer, momento en que podrán recibir realmente un verdadero texto literario que no ponga en duda su capacidad de pensar, sino que exija de él una posición crítica y totalmente receptiva, para la cual nunca fue preparado.

Las diversas problemáticas que subyacen en el engranaje del sistema educativo y social no han permitido cultivar este arte y amor por la lectura que sobrepasa el interés de poder de leer, pronunciar y comprender aparentemente el contenido del menú de un restaurante. La familia incide constantemente en el desarrollo académico e intelectual de los miembros más jóvenes que la integran, por lo tanto, son los padres los primeros en cimentar las conductas, intereses y gustos de sus hijos. Lamentablemente, por razones económicas las dos partes principales del hogar representadas en el padre y la madre, no han podido asumir a total cabalidad la labor de guías y son escasos los momentos en que pueden acompañar, compartir, supervisar e impulsar el crecimiento de los pequeños. Luego, es difícil, por no decir imposible, encontrar situaciones en donde el niño sea constantemente acompañado por lecturas, libros y son pocos los momentos de esparcimiento y descanso en los que ven a sus padres disfrutando de los placeres de la lectura. También, es innegable que algunas dificultades que se hacen manifiestas en los estudiantes se deben a factores genéticos y son característicos del lugar del que provienen y de la educación que en su hogar han recibido.

De acuerdo a lo anterior, existen factores personales y sociales que determinan y coaccionan el desenvolvimiento de los niños. Estos elementos que dan forma a la personalidad del niño se confrontarán cuando éste llegue a la escuela. En el momento mismo en que el chico ingresa al sistema educativo se convierte en aprendiz, y es allí donde nuevamente aparecen algunos agentes que entorpecen su proceso de formación intelectual. Él va con el propósito de ser instruido en todo aquello que hasta el momento desconoce, y uno de los primeros temas que descubre son las letras, las palabras y posteriormente los textos, que sólo a través del adiestramiento logrará dominar. La lectura, aparece entonces como la capacidad básica a desarrollar. Allí, aparecen los educadores los encargados de suministrar las herramientas necesarias que permitirán realizar con total plenitud lo previamente propuesto.

Todo ese proceso que tiene lugar en el aula de clase y que lo que busca es desarrollar las capacidades de los educandos dirigidas hacia un mismo fin: poder descifrar, pronunciar y leer fluidamente cualquier enunciando, dejando de lado la importancia de la significación y sentido propias del lenguaje. Esas actividades propuestas por el docente, que consistían, o consisten, puesto que aún son aplicadas en el salón de clase, en repetir algunas palabras aisladas de todo contexto que genere significación y que permita mejorar poco a poco la pronunciación; metodología en la que prevalecen aspectos formales de la lengua, más no la configuración y significado que está aporta a la construcción del individuo.

Aunque existen parámetros que encierran los objetivos generales que debe contener cualquier área o disciplina, mejor conocidos como los lineamientos, estos permanecen en medio de la penumbra y al ser una propuesta que integra los intereses de la nación en general y estandariza o unifica lo que se debe enseñar. Lamentablemente, al desconocer este tipo de herramientas, docentes e instituciones educativas no renuevan los métodos que día a día emplean sin el menor detenimiento sobre lo que se hace. Estos agentes de poder, por que lo son y de alguna forma lo poseen, no han comprendido que los objetivos y los procedimientos ha seguir para alcanzarlos cambian constantemente, evolucionan y se transforman como lo hace el hombre. Por ejemplo, desde el año de 1994 se estableció que la lengua materna y la literatura conformarían una sola área de conocimiento que se denomina, desde ese entonces, lengua castellana. Pero, qué ha ocurrido con esa integración entre esos dos elementos, al parecer cada uno tomó caminos distintos, a tal punto, que se desconoce a la literatura como un medio para conocer y descubrir la lengua, su funcionamiento, la estructura del discurso, su condición social, y aún más irónico resulta pretender enseñar literatura cuando ella en escasas oportunidades tiene cabida en el aula de clase.

Aunque es innegable que muchos de los inconvenientes que justifican la razón por la que hoy en día existen tantos lectores mecánicos y no funcionales, por la que cada vez sea más pequeña la cantidad de lectores asiduos que realmente disfrutan de la lectura y se construyen constantemente con ella; por la que los niños se niegan a leer y han perdido total interés y motivación en tomar un libro y sentarse a degustar línea a línea el asombroso mundo que existe al interior de un escrito; entre muchas otras razones que sólo ratifican y muestran el mal funcionamiento del sistema escolar primario, en este caso de un país como Colombia, que lucha día tras día por resolver los problemas de comprensión, interpretación y argumentación lectora que muestran constantemente los resultados de las pruebas de estado en los jóvenes colombianos, pero no reflexiona en el nacimiento de este mal; la raíz que no ha dado fruto, al ser desprovista de los menores cuidados que padres, docentes y nación reiterativamente le han dado.

Para concluir, es necesario ver reflexivamente y tomar medidas sobre lo que se está haciendo. Los docentes y los padres han caído en el desinterés y abandono; no hay una entrega real que resulte significativa y ha sido la misma sociedad quien se ha encargado de reflejar las falencias de una baja formación, que no ha podido estimular la sensibilidad y la pasión por la literatura de sus ciudadanos. Por lo tanto, es necesario, que el sujeto desde temprana edad entienda el verdadero interés que encierra la literatura y se desprenda de la idea que la lectura consiste única y exclusivamente en descifrar y pronunciar un enunciado.

domingo, 3 de abril de 2011

Autobriografía

Recuerdo, aunque no muy bien, ni con mucha certeza, algunas actividades con las que aprendí a leer, algunos ejercicios como las repeticiones o los juegos de palabras que permitían relacionar ciertas palabras  con la pronunciación correspondiente. Así, pasé de ejercicios de “la m con la a suena ma” a identificar dichas construcciones con nuevos elementos como la “c con la a que suena ka” y de tal forma poder decir sin mucha dificultad, al ver en un escrito, la palabra “cama” y asociarla, además, con una imagen mental que representara una cama, lecho, litera, entre otras cosas.

Lo anterior, podría decirse que corresponde al procedimiento técnico o método que seguí en el colegio para adquirir esta habilidad.Todos esos ejercicios que integraban y reforzaban mi desarrollo tenían lugar en el colegio. Fue en ese lugar donde aprendí a leer. Antes de ser instruida y capacitada en dicha acción, mi interés y gusto por la lectura fue estimulado por las lecturas y narraciones que mi madre hacía antes de ir a dormir. En ese momento surgió mi curiosidad y mi deseo por saber qué era todo eso que decían los libros, los carteles, el periódico y otros medios que contenían aquellos dibujos que poco después supe, se denominaban letras. Pero, fue gracias a las lecturas de mi madre que pude desarrollar desde aquel entonces una simpatía por los libros. También, en casa contábamos con una pequeña biblioteca familiar que tenía grandes enciclopedias que contenían información histórica universal y una parte especial dedicada a los animales y a la naturaleza; las pocas lecturas que hice en lo concerniente a la historia me envolvieron, me encantaron, pero por problemas de espacio fue necesario desplazar estos “libros” a la parte superior de los armarios, hecho que hizo difícil, por no decir imposible, acceder a dicho material.

Por otra parte, en mi colegio, fue poco el estímulo que recibí y fueron escasas las oportunidades que tuve para encontrarme cara a cara con un libro. Los textos de los libros guías, aunque no guardo una imagen fiel de su contenido, no despertaron gran interés en mí. Sólo recuerdo algunas lecturas de cuentos, en su mayoría de los hermanos Grimm, de leyendas y mitos y en algunas ocasiones, aunque realmente fueron muy escasas, de poesía; en ese momento, puedo decir que sentí realmente gusto por leer.  Además, hay que tener en cuenta que lo verdaderamente relevante para el colegio era que sus estudiantes pudieran pronunciar correcta y fluidamente cada una de las palabras que en los escritos se hallaban sin importar que el sentido del escrito no fuera plenamente comprendido.
El primer libro, libro como tal, que leí por gusto fue El principito , libro que elegí en uno de los pocos viajes que hicimos a la biblioteca escolar. El siguiente fue De la tierra a la luna, por elección de dicha institución. Lo anteriormente dicho corresponde a los primeros años de mi vida escolar: la escuela primaria.

Cuando ingresé a la escuela secundaria el cambio no hizo las cosas más interesantes. Recuerdo que en los primeros años de bachillerato teníamos libros guías que no contenían nada que realmente fuera significativo para mí, entonces caí en una época de recesión. Los pocos encuentros que tenía, los lograba en casa, con algunos libros que formaban parte de la biblioteca familiar. Algunos días visité en horas de descanso la biblioteca escolar para buscar libros, pero al ser una actividad poco frecuente, terminé contentándome con unos libros que encontré desde el primer día en que fui; eran unos ejemplares de "Escalofríos", que narraban historias de terror y que se convirtieron algunas veces en mi fuente de distracción

Finalmente, en mis últimos años y con todo el envolate que representaban las pruebas ICFES. Las exigencias por parte del sistema educativo consistían en comprender, interpretar y argumentar. De un momento para otro deberíamos convertirnos en sujetos poseedores de un gran saber literario que nos permitiría hacer frente a cualquier inconveniente que dichas pruebas pudieran ocasionar. De ahí en adelante no hubo tiempo de disfrutar la lectura; la mayoría de clases consistían en simulacros tipo ICFES, leíamos e inmediatamente teníamos que responder, elegir  la respuesta que fuera más acorde a lo leído anteriormente, luego no había tiempo de caer en la contemplación, en el deleite que implica leer. Sin embargo, y pese a todo lo malo, recuerdo que desarrollamos en algunas ocasiones actividades de lectura en las que realmente se daba paso a la inmersión en el texto. Así, nos sumergimos en una obra de teatro La casa de Bernarda Alba del escritor español Federico García Lorca, en donde nos apropiamos de la historia, sus emociones, sus intenciones, su lenguaje para crearnos en ella y poder sentirla y vivirla. También recuerdo que estudiamos algunos movimientos literarios, hecho que dejó algunos nombres de autores en la superficie. Aunque reconozco que la lectura en ese lapso particular de mi vida no ocupaba la mayor parte de mi tiempo libre, aproveché algunos momentos para leer e indagar sobre algunos libros y escritores que habían sido mencionados en clase y lograron llamar mi atención.

Actualmente, puedo decir que si leo, lo hago por gusto, por que así lo deseo. Aunque en los primeros momentos de mi formación académica no encontré un significativo estímulo, puedo decir que por influencia familiar y por un deseo personal, esta  habilidad trascendió en mi vida y despierta en mí la necesidad y el anhelo de ser usada. Hoy por hoy, intento compensar todo el tiempo que perdí.  Para ello, reparto mis días de tal forma que pueda manejar mi vida personal y mi formación académica con mi interés literario. Aún espero reponer aquellos espacios de mi vida que por diversos motivos no llené con libros.